Mujeres de arrojo en el alto oriente cubano

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Por: Lic. Yadira Cruz Valera.

Las mujeres cubanas desempeñaron un papel fundamental en el proceso independentista de la nación y aunque la historiografía hace referencia a algunas de ellas, otras, cuyo desempeño fue no menos importante, apenas se conoce.

Tal es el caso de las campesinas del oriente cubano que ayudaron, apoyaron y colaboraron con los principales líderes independentistas tras los desembarcos de Duaba y Playita de Cajobabo, dos importantes hechos que marcaron el reinicio de esas luchas en 1895.

 La historia local y el anecdotario popular recogen relatos sobre esas figuras femeninas, que afrontaron los peligros lógicos de quienes se atrevían a desobedecer y revelarse contra el gobierno colonial español y desafiaron los convencionalismos sociales de la época.

El historiador guantanamero, José Sánchez, quien investiga sobre el papel de las mujeres de esta región en las gestas libertadoras, aseguró que sin el apoyo de ellas, muy poco hubiesen podido avanzar tierra adentro los mambises, término con que se denominaba a quienes en el siglo XIX participaron en las guerras por la independencia de Cuba del colonialismo español.
En cada rincón del oriente cubano, los combatientes encontraron una mano amiga de mujer que los acogió y auxilió, muchas de las cuales se incorporaron luego a la lucha como mensajeras, enfermeras e incluso como soldados del ejército libertador, refiere.


DESEMBARCO DE DUABA 

El 1 de abril se produce el desembarco inicial cuando los mayores generales Antonio Maceo, Flor Crombet, José Maceo y una veintena de hombres a bordo de la goleta Honor arriban a la playa de Duaba, en Baracoa, localidad nororiental de la isla, y hambrientos, sedientos y cansados inician la marcha en busca de cobija, relata el Máster en Estudios Caribeños.

Tras una ardua caminata encontraron un bohío donde el campesino Santos Rodríguez y su esposa Justina Linares le ayudaron a recuperar fuerzas; conscientes de que el lugar no era seguro los trasladaron hasta la casa del alcalde del barrio, quien junto a su compañera Margarita Perigot, les atendió.
Así Justina y Margarita se convirtieron en las primeras mujeres que colaboraron con los expedicionarios, de ellas y otras tantas heroínas anónimas de estas tierras trata mi libro 'Mambisas del Alto Oriente', dijo el historiador.

Durante la larga travesía por las serranías, muchas guantanameras les dieron abrigo, los escondieron en sus casas sin estar sus esposos, pese a que las costumbres de la época prohibían que ellas recibieran visitas masculinas sin la presencia del hombre de la casa y arriesgándose a ser asesinadas si eran descubiertas, revela.

A pocos días del desembarco se producen los primeros enfrentamientos de los independentistas con las tropas españolas en el combate del Alto de Palmarito en la localidad de Yateras, allí cayó el general Flor Crombet, su cadáver fue trasladado hasta el poblado de Felicidad y depositado en el portal de una tienda.

En una actitud valiente y pese a las consecuencias que podría acarrearles el hecho, Ramona Lescaille y su hija Severina Rojas, esposa de un capitán de voluntarios al servicio de España, atendieron delante de todos el cuerpo inerte del insigne oficial -señala el investigador-; del valor de esas mujeres se habla aún por esos lares.

En su conversación, Sánchez puntualiza que, aunque discordantes en cuanto al nombre, fuentes testimoniales aseguran que fue una mujer quien salvó la vida del general José Maceo en esa misma localidad.

Algunos afirman que fue Juana Francisca Limont, quien lo alimentó y lo escondió en su cuarto, mientras en la sala de su casa un grupo de lugareños leales a España, presumían del asesinato de Flor.


PLAYITAS DE CAJOBABO 

La presencia de esas mujeres y su accionar fue reconocida en su Diario de Campaña por el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien llegó el 11 de abril de 1895 a las costas de Playitas de Cajobabo, un agreste paraje del litoral suroriental de la isla.

Martí, un gran admirador de la figura femenina y en especial de las cubanas, hace permanente referencia a ellas en su Diario, menciona como secaron sus ropas, lo alimentaron y curaron las lesiones que producían en sus pies las extensas caminatas por las intrincadas montañas.

Describe cada detalle de sus encuentros, de las impresiones que cada una de ellas causa en él, así por ejemplo, escribe sobre la india Gregoria Rodríguez (Goya)...'india, cobriza, descalza y de ojos ardientes, en traje negro roto, con el pañuelo de tocada atado a lo alto por las trenzas'.

Sobre el recorrido de Martí por estas tierras y su intercambio con las mujeres de estos parajes, Sánchez relata con especial énfasis la anécdota sobre Adela Leyva, una niña de 11 años, primera mujer con quien tuvo contacto el héroe tras su arribo a estas tierras.

Ese encuentro -señala- lo describe el historiador cubano Florián Escobar en su obra 'Martí a flor de labios', dicen que tras descansar en la casa y ante la necesidad de continuar viaje, intentan buscar un guía de la zona, el hermano de la muchacha estaba lejos y un pariente que se encontraba presente no se inmutó ante el reclamo.

La joven al ver la actitud de su familiar, expresó: 'si ustedes no se atreven a sacarlos de aquí, yo sigo con ellos hasta sacarlos del paso, porque son cubanos y vienen a hacer patria'.

La primera bandera que portaron los expedicionarios fue confeccionada por una guantanamera, Juana Bautista Pérez Gutiérrez, esposa del mayor general Pedro Agustín Pérez, máximo líder del movimiento independentista en estas tierras.
Sobre ello habla Martí en su diario: 'A la tarde, Pedro Pérez, el primer sublevado de Guantánamo: de 18 meses de escondite, salió al fin, con 37, seguido de muerte, y hoy tiene 200. En el monte, con los 17 de la casa, está su mujer, que nos manda la primera bandera'.

Pero Juana, pese a proceder de una familia adinerada, fue más que la esposa del general, fue una luchadora, explica Sánchez, que junto a su hija y toda su familia, se incorporaron a la lucha insurreccional, sufrieron privaciones y vejámenes.

En una ocasión, relata, la familia fue apresada y exhibida encima de una carreta por la plaza de la ciudad de Guantánamo, un grupo integristas leales a España lanzaba insultos a su esposo y ella desafiante con las manos atadas gritó: ¡Sí somos la familia del general, pero a él hay que ir a cogerlo peleando en los montes! 

Son estas unas pocas anécdotas que muestran la estirpe de las mujeres cubanas y en especial las orientales, las memorias históricas del periodo conspirativo y de las luchas independentistas apenas recogen la labor de un pequeño grupo de ellas, dijo el historiador.

Aún queda mucho por descubrir sobre la dimensión femenina en el proceso emancipador cubano, las conmemoraciones por los 150 años del inicio de esas gestas son un momento propicio para divulgar esas investigaciones, que en la actualidad se han incrementado pero no son suficientes, recalcó.

En nuestras gestas libertarias las mujeres hicieron de todo, tanto en el frente como en la retaguardia o en la clandestinidad, lucharon codo a codo con los hombres, por eso merecen tener un lugar destacado en la historia patria.

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